reducir la ansiedad en las ventas
reducir la ansiedad en las ventas

He aquí ​un caso de estudio que resume la lección más importante sobre vender, porque en este caso me gustaría mostrar algo real que ejemplifica algunas de las principales lecciones que he aprendido como emprendedor a la hora de vender.

Es más, me parecen importantes porque esas lecciones contradicen muchos de los principios que yo tenía en la cabeza cuando empecé y que me resultaron muy dañinos.

El principal problema de estos principios dañinos es que parecen los correctos, pero son realmente falsos. Y si eso es así, ¿por qué nadie lo dice y se van perpetuando? Porque muchas veces no suena políticamente correcto enseñar estas cosas que vamos a ver aquí.

Sin embargo, a estas alturas sé que no se me va a malinterpretar y que además estamos aquí para desentrañar la verdad sobre las ventas y ser emprendedor, aunque a veces sean un poco chocantes.

Vamos a exponer el caso de estudio.

Cómo conseguir cuatro veces más interesados

La situación es la de una empresa de suministro de productos para animales (comida, accesorios, etc.) que desea incrementar el número de interesados que consigue a través del canal de Marketing que es su página web.

Su directora financiera decide probar un enfoque más agresivo del que ya tenían, aunque que en su mente habitaba un temor bastante común: que dicho enfoque más proactivo podía espantar a cierto porcentaje de clientes ya que, al fin y al cabo, a nadie le gusta que le intenten vender, ni que le presionen de alguna manera.

Para ello, se decide hacer un Split Test donde por una parte se sigue practicando lo habitual para conseguir interesados y por otra parte ponen un pop-up o pantalla que salta cuando se visita la web y que ofrece la posibilidad de ganar un cheque regalo de 500$ y una oferta de envío gratis de los productos si se apuntan voluntariamente a la lista de correo.

He aquí una imagen de lo que hicieron.

caso-de-estudio

¿Resultado del nuevo enfoque?

Bueno, lo cierto es que el título ya hace un spoiler de dicho resultado. Un 400% más de interesados, machacando la previsión de que la gente iba a rechazar dicha táctica y salir de allí corriendo, no sólo sin hacer nada, sino también indignada por ese intento de venta.

Además el temor de que las ventas se iban a resentir y de que la venta media iba a descender no se cumple, las cifras de dichos indicadores no se ven afectadas negativamente en absoluto.

¿Por qué se produce esto? Este caso me sirve de punto de partida para compartir las lecciones más vitales sobre las ventas y ser emprendedor. Estas.

Lecciones vitales sobre ser emprendedor que me he tenido que grabar a fuego

Cuando yo empecé tenía muchas buenas ideas y todavía mejores intenciones. El “pequeño” problema era que no tenía ni la más mínima idea de cómo funcionaba el mundo de ser emprendedor. Es más, el problema de base es que, con muy buenas palabras y contándome teorías que sonaban muy bien, intentaba evitar afrontar ciertos miedos que ni siquiera reconocía en público que tenía. Por ejemplo:

  • El miedo a la crítica (o al conflicto, o como quiera llamarlo).
  • El miedo al fracaso (o a que nos digan que no, o al rechazo o a la manera en la que prefiera verbalizarlo en su caso).

¿A qué viene esto?

A que, por ejemplo, cuando empecé predicaba en mi inocencia que lo que mejor funcionaba era mostrar lo que tenías y dejar que el cliente decidiera por sí mismo si quería comprar o no, sin poner presión alguna. No era mi intención molestar a nadie siendo como los demás vendedores, ser ruidoso igual que los otros, ni tampoco empujar a alguien a tomar decisiones que no quería o, el cielo me libre, manipular…

Si ofreces suficiente valor eso funciona bien, nunca lo voy a negar, pero si ha visto en este tiempo los casos de estudio y las campañas que he hecho habrá visto que cuando se usa por ejemplo la escasez extrema, la llamada directa a la acción y los recordatorios en el último minuto (aunque algunos te consideren pesado) los resultados se multiplicaban.

¿Conclusión?

Ese enfoque inicial de dejar que se decidan puede funcionar en ciertos casos donde el valor ofrecido es muy alto y diferente, pero, incluso en esos casos, siempre es infinitamente menos efectivo que el enfoque proactivo.

La mayoría de las veces no conseguimos más ventas porque no preguntamos lo suficiente, igual que también he comprobado que realmente no conseguimos más objetivos en esta vida porque no nos atrevemos a preguntar lo suficiente y atrevernos a ser proactivos y dar el primer paso.

Cuando iba como consultor a algunas empresas y la cuestión era mejorar las ventas y los resultados, una de las primeras tácticas que aplicaba era comenzar, desde el día 1 y antes ni siquiera de analizar los problemas de base, con una campaña de promoción entre los clientes actuales y configurando una oferta difícil de rechazar.

El objetivo era conseguir algo de tesorería y resultados cuanto antes y además proporcionar impulso, motivación, cambiar la tendencia e imponer la sensación en la empresa cliente de que había resultados y que las cosas se están moviendo en otra dirección.

En muchas ocasiones las miradas con las que se recibía esa propuesta eran poco entusiastas. No les parecía la estrategia más novedosa del mundo, y de hecho se preguntaban si habían hecho bien en pagar dinero para que alguien les dijera algo que ya sabían de antemano.

«Eso lo podíamos haber deducido nosotros solos» era el sentir más general con que me encontraba en mis tiempos de consultor, y sin embargo el 99,99% de la gente NO LO HABÍA HECHO y, lo que es peor, no lo hubiera hecho nunca de no haber ido allí.

Casi nadie pregunta por ese ascenso, casi nadie pregunta por ese favor que precisan, casi nadie inicia una conversación para conocer a esa chica/chico que les interesa…

El Marketing, las ventas y conseguir que nuestra iniciativa sea rentable es un juego de números en todos sus aspectos y el primero de ellos es comenzar a preguntar a más gente si quieren estar en contacto o si desean comprar el producto X. Hay que poner los números a trabajar en nuestro favor.

Sin embargo, por alguna razón, preguntar o actuar no es tan común como debiera. Es posible que en algunos casos no sea así por dejadez, pero en la mayoría (y ahí me incluyo) es porque encerramos alguna clase de temor, lo queramos reconocer o no.

Lo peor de todo es que esos temores o esa incomodidad para hacerlo la justificamos con argumentos que suenan bastante bien cuando los dices, pero que son falsos y cavan un centímetro más de nuestra tumbra cada vez que los repetimos para escudarnos tras ellos.

Por eso este caso de estudio quiero que sirva para machacar esos mitos e instalar en nuestra cabeza las realidades. Para mí, vencer esos miedos, al menos en buena parte, ha sido uno de esos pasos de gigante y, de hecho, es algo que en realidad nunca dejo de aprender.

Veamos esos mitos y sus realidades

La duda contra el no

Mito: Es mejor quedarse con la duda que obtener un no.

Realidad: El no duele a veces, pero la duda mata siempre.

Obtener un no es duro, por eso a veces parece mejor quedarse con la duda, al fin y al cabo no duele, uno puede seguir fabricándose castillos en el aire e imaginarse que en la próxima campaña se coronará o que conseguirá el sí de esa persona que desea algo más adelante. Por eso no quiere atreverse y fastidiarlo de momento, y sigue esperando a que la cosa esté mejor.

Lo cierto es que mientras que no preguntemos algo a alguien, ya tenemos ese no , los clientes nos están diciendo, aunque no hablen, que no quieren comprar.

Lo cierto es que si no preguntamos estamos ya en la peor de las situaciones , porque si preguntamos nos pueden decir que sí o que no, pero si no preguntamos estamos en el no el 100% de las veces.

Pero eso no es lo peor.

Cuando uno se ejercita en preguntar va desarrollando una resistencia al no. El primero es muy duro y no lo negaré, pero cincuenta negativas después nos damos cuenta de que no es para tanto . De que no nos ha matado una negativa, no ha bajado un rayo del cielo y nos ha fulminado por pedir la venta.

La negativa no es nada personal, sino que aprendemos que es parte necesaria del juego de vender.

Cuando uno se acostumbra a preguntar se da cuenta de que a lo mejor cada diez noes surge un sí, y es así como funcionan las cosas. El sí no aparece hasta que no hemos pasado por suficientes negativas.

Si yo le dijera que primero tiene que recolectar diez negativas, algunas de ellas incluso duras, antes de conseguir a la undécima esa venta que tanto ansía, estoy seguro de que va a salir a la calle y buscar afanosamente diez personas que le digan que no cuanto antes, porque una vez pasado ese trance obtendrá la venta. Prácticamente saldrá deseando que le digan que no cuanto antes y cuanto más rápido mejor, para poder llegar antes a lo que desea.

Lo cierto es que conseguir una venta funciona bastante de esa manera. No me importa si es el mejor vendedor del mundo, es necesario recolectar un montón de negativas antes de un sí. Esperar sin preguntar hasta que sea el momento adecuado, o esperar a que vengan a nosotros con el sí en la mano, no son las reglas de este juego.

Pero la duda tiene algo aún más negativo, mientras que el «no» puede doler en algún caso (si nos lo tomamos como algo personal y no como negocios, que es el enfoque adecuado) la duda nos va a matando poco a poco. Puede que duela menos en el momento pero su efecto no se pasa como el de la negativa, sino que se va acumulando en el tiempo.

Al final amanece el día en que tanta duda e inacción, tanto no haberlo intentado y haber esperado, nos ahoga y nos mata. Porque ha pasado el tiempo y seguimos frustrados y sin ventas.

No sé si ha oído la leyenda de que metes un sapo en agua hirviendo y salta del recipiente raudo y veloz, pero si lo metes en agua fría y la vas calentando gradualmente, el sapo no lo nota hasta que es demasiado tarde y muere irremediablemente.

Eso es exactamente lo que ocurre al conformarse con la duda y no intentarlo nunca. Parece que no pasa nada y no duele mucho, nos consolamos imaginando que alguna vez tendremos el sí, hasta que un día vemos que el tiempo ha pasado y no conseguimos nada. Para entonces sólo podemos cerrar el negocio, asqueados y quemados.

Además, cuanto más evitas hacer algo, más lo vas temiendo. Más negativo se vuelve en tu imaginación, a base de pensar y pensar en las posibles malas consecuencias. Más aversivo te vas volviendo a atreverte, porque la mente va dibujando escenarios cada vez peores.

Como cualquier otra habilidad, si la audacia no se usa, se va perdiendo, hasta que preguntar por primera vez y recibir un no se vuelve una experiencia angustiosa.

Desgraciadamente tengo un buen amigo que cada vez evita más el contacto y las situaciones sociales. Ya prácticamente apenas se relaciona alguna vez que nos vemos y en contextos cada vez más reducidos y estrictos. A base de ir evitando y evitando la situación, enfrentarse a ella se ha vuelto más insostenible hasta en las situación más básicas.

Lo mismo ocurre con preguntar por la venta. Cuanto menos lo evitemos más nos costará, y si recibimos un no, más nos dolerá, así que cuanto antes empecemos a cambiar esa tendencia, mucho mejor por nuestro propio bien.

La compra por sí sola

Mito: si el producto es suficientemente bueno el cliente comprará por sí solo.

Realidad: aunque lo anterior sea verdad cuando damos una gran cantidad de valor, lo cierto es que eso es aplicable a sólo unos pocos casos y en todas las situaciones ser proactivo nos va a dar más beneficio.

Como muestra el caso de estudio que sirve de apoyo a este material.

Yo soy culpable de haberme escudado en este mito al principio (esencialmente por el motivo descrito en el siguiente punto, por mucho que quisiera justificarlo de otra manera) pero lo cierto es que para que los clientes compren por sí solos hace falta proporcionar una enorme cantidad de valor que ningún otro pueda dar.

Lo malo es que, aunque ese es el escenario ideal de una empresa, lo cierto es que muy raramente se produce ese fenómeno.

El 99,99% de las veces no estamos dando un valor que nadie más pueda dar y, aún en el caso de que fuera así, es muy difícil que el cliente perciba eso adecuadamente en la fase de pre-venta, donde no ha disfrutado realmente de los resultados que ofrecemos.

Como no va a realizar una investigación a fondo la mayoría de las veces, y no tiene tiempo de hacerla, ¿adivina quién se va a llevar el gato al agua casi siempre? Quien se atreva a preguntar.

Si el mito de que algo bueno se vende solo fuera cierto, todos los resultados de campañas y casos que hemos visto, incluido este, no serían los que serían.

La realidad es que, incluso en el mejor de los casos, no siendo activos estamos dejando sin recoger una enorme cantidad de dinero en ventas.

Tener siempre un motivo lógico

Mito: Siempre que evito preguntar por la venta, atreverme a hacer algo o ser más proactivo, es por motivos lógicos y justificados que me recomiendan que no lo haga.

Realidad: en la enorme mayoría de ocasiones el motivo real se basa en que encerramos alguna clase de miedo, lo queramos reconocer o no.

¿Por qué no pides más la venta? ¿Por qué no haces más campañas con la lista de correo o haces más llamadas cada día?

Ante esa pregunta uno puede exponer un montón de respuestas aparentemente lógicas, como por ejemplo la anterior de que si un cliente quiere el producto lo comprará por sí solo. O que ser muy agresivo va a espantar a la lista de contactos y reducirla (como se temía en el caso de estudio). O que estamos muy ocupados, que es mejor esperar a otro momento más adecuado… Tenemos excusas por miles.

Lo cierto es que preguntar y atreverse es exponerse a la negativa y eso siempre va a despertar nuestro mecanismo de defensa y evitación.

Durante mucho tiempo yo jugué a eso. Me contaba a mí mismo que no iba a ser como esos vendedores pesados, pero lo cierto es que, cuando de verdad me atrevía a llamar a las cosas por su nombre, el 99% de las ocasiones en las que no lo hacía no era por ser pesado, sino por falta de coraje. Creía que me escribirían diciendo que era un insistente, que se borrarían de mis contactos y que me quedaría con la agenda vacía.

Conclusión: la mayoría de veces te atreves menos de lo que debieras.

No estoy diciendo que en su caso sea igual, pero creo que es bastante sano examinar de verdad si no estamos atreviéndonos por miedo y que esos argumentos tan lógicos que usamos para justificarlo no son más que un mecanismo de defensa y evitación.

Por favor, no molestar

Mito: si pido la venta espantaré y molestaré a los clientes potenciales.

Realidad: si algún contacto se molesta porque le pidas una venta está claro que no iba a ser cliente nuestro de todas formas.

El enfoque más efectivo es el de proporcionar valor (por supuesto), pero luego, siempre, realizar una oferta y pedir la venta.

El enfoque del valor sin petición de venta no lleva a ninguna parte excepto al cansancio, el enfoque de pedir la venta sin dar valor es lo que realmente espanta a tus contactos y hace que se quieran borrar de tu lista.

Pero si das valor y pides la venta no tiene que pasar eso. Siempre habrá alguno que se queje, porque el marketing que se basa en dar valor atrae a toda clase de gente, incluso a esa que quiere recibir todo gratis y no quiere dar nada a cambio.

Afortunadamente esa clase de gente es una minoría, la mayoría de contactos no se asombra de que una empresa (¡oh sorpresa!) quiera vender. Son profesionales que entienden como funcionan las cosas y son gente dispuesta a pagar por obtener valor, ya que reconoce que lo que le mejora la vida es digno de ser compensado.

Los que se quejan o se marchan indignados porque una empresa ha intentado venderles, no iban a ser clientes de todas formas, con lo que si nos ocurre que se van es incluso positivo. No estaremos perdiendo tiempo y recursos con quien nunca va a comprar.

Al final del día somos una empresa, necesitamos vender y establecemos relaciones profesionales con nuestros contactos, además de que nuestro tiempo y esfuerzo es valioso.

Si damos valor la gente va a querer estar cerca, aunque pidamos la venta. Los que nos convienen no se van a ir y los que se marchan no nos convienen.

«Vender es malo»

Mito: vender es una actividad vergonzosa, el último eslabón de la escala humana es el de vendedor.

Realidad: vender es lo que hace una empresa, y cuando compramos ese último aparato que tanto deseábamos, o ese coche que por fin pudimos adquirir tras tanto tiempo deseándolo, no pensamos ni por un segundo que fue vergonzoso que nos lo ofrecieran y vendieran.

El telemarketing me interrumpe mientras como para ofrecerme algo que no quiero. La publicidad satura mi televisión y destroza mi ocio. Todos los días miles de anuncios por todas partes inundan mi día y mi tranquilidad. Los trabajos de comercial nadie los quiere a menos que no tenga más remedio… Todo eso viene coronado por el hecho de que vivimos en una sociedad materialista que intenta inculcarnos, falsamente, que la felicidad la conseguiré adquiriendo cosas que en realidad no necesito.

Con ese contexto, que no voy a negar, no es difícil ver cómo ser vendedor o vender tiene fama de ser una actividad poco menos que delictiva en la mente de muchos.

Lo peor de eso es que esa mentalidad inunda a muchos nuevos emprendedores: «Vender es malo» y ese lastre, en el fondo de nuestra mente, nos va minando y hace que sólo pidamos la venta una vez de cada diez que deberíamos hacerlo. O que este año sólo hayamos montado dos o tres campañas de marketing, en vez de doce. Y que cuando nos ponemos a hacer llamadas a posibles interesados, se nos congele el gesto y busquemos la excusa de turno para evitar esa actividad tan insufrible.

Si piensa por un segundo que vender es malo o poco digno, debe barrer de su cabeza todo trazo de esa creencia. De lo contrario va a estar influyendo, muchas de veces de manera inconsciente, sus resultados como empresa.

Todas las empresas venden, es lo que hacen para vivir, y no es ningún delito, es lo normal.

No creo que usted se escandalice de que Microsoft quiera vender, ni de que su panadera no le regale el pan, sino que le pida dinero por ello. El intercambio de valor por dinero es una actividad normal que hace funcionar el mundo.

Un día, hace años, escribí en mi blog sobre un servicio de copias de seguridad en red que me pareció tan útil que lo mejor sería compartirlo. Dicho servicio tiene un nivel gratuito, que era lo que comentaba en el artículo, al igual que también decía que quien lo viera útil y quisiera apuntarse, lo podía hacer mediante un enlace especial por el cual a mí me daban un poco más de espacio gratis por recomendarlo. Así todos salíamos beneficiados, y de hecho nadie pagaba nada.

En un par de días me llega un mensaje de otro emprendedor que seguía mi blog y estaba indignado porque estaba intentando “vender” ese servicio de copias de seguridad, que hay que ver dónde habíamos llegado y que no esperaba eso de mí.

Para empezar esta persona no debía ser tan seguidora porque no se había molestado ni en leer el artículo. De haberlo hecho habría visto que yo no estaba intentando vender nada ni recibía beneficio monetario, aunque sí de otro tipo, el mismo gratuito que todo aquel que se apuntaba con mi enlace. Para seguir, por supuesto que si lo hubiera querido vender podría haberlo hecho, soy un emprendedor, vivo de vender. Esta es mi web, de hecho, puedo hacer lo que crea conveniente pues es mi medio de marketing y mi tienda.

Pero eso no es lo peor, porque su comentario no me afectó lo más mínimo, lo peor de todo es que él también era emprendedor, con lo que no sé el enfoque que tendría y cómo le iría en ventas, pero a raíz de su tono amargo supongo que no muy bien.

Los problemas no me van a encontrar

Mito: si no levanto mucho la voz y no hago mucho ruido, evitaré problemas.

Realidad: si somos emprendedores y no llamamos la atención, tendremos el mayor problema de todos, cerrar por falta de ventas.

Cuando comencé como emprendedor lo hice por las razones equivocadas. Estaba cansado de incompetencia, de trabajar para otros en algo que no me gustaba, de cómo funcionaban las cosas en el mundo de la empresa, de que los que trabajaban no recibían compensación y los que no, nadaban en la abundancia…

Así que decidí que al menos trabajaría para mí mismo y no tendría que aguantar a ciertos jefes o personas con las que no quería relacionarme. A nadie le gusta el conflicto y por eso intentamos evitarlo por todos los medios. Esa era una de mis aspiraciones como emprendedor, evitar problemas y discusiones, vivir tranquilo haciendo lo mío.

Pero no es la razón adecuada. La correcta es tener la libertad para crear algo diferente que te apasione, no huir de algo o evitar algo.

Además, pensaba que si no llamaba mucho la atención, conseguiría tener ventas y además que los problemas no me encontraran.

Así que me metí en un trabajo que no me gustaba (asesor económico y fiscal tradiconal) pero que era lo que siempre había hecho. Entonces me di cuenta de dos cosas.

Mantener un perfil bajo y no querer reclamar mi territorio o molestar a nadie me llevó a que me ignoraran, a verme pronto estrangulado por la falta de ingresos los primeros meses y a que tuviera que salir ahí fuera, por pura supervivencia, y empezar a meter ruido.

Es mucho peor que te ignoren a que te critiquen, de hecho las empresas más exitosas y los productos más vendidos tienen una buena parte de “enemigos” que hablan pestes de ellos.

Es inevitable, no vamos a gustar al 100% de la gente. Intentar eso es el camino más corto a la frustración, mientras que empezar a tener críticos y enemigos es una señal de que por fin estamos alcanzando cierto nivel. Parece contraintuitivo, pero es cierto.

Si se da cuenta, los mejores productos que más se venden polarizan a la gente. Tienen tantos seguidores como detractores, mientras que la gran mayoría de productos viven en la penumbra, nadie los conoce y acaban languideciendo hasta morir.

La crítica es señal de potencial de éxito, significa que a la gente le importa lo que hacemos, porque si no fuera así, ni se molestarían en decir nada.

La falta de críticas, quejas y devoluciones no siempre significa que somos buenos, sino seguramente que somos insignificantes y no importamos mucho.

Pero además de que aprendí que la crítica no era mala, tuve otra lección importante tras un tiempo de ser emprendedor.

Que los problemas te encuentran hasta cuando te escondes en una cueva oscura al final del mundo. Son inevitables por mucho que huyas o lo mucho que te aisles.

De hecho, lo que ocurre cuando te quieres meter en esa cueva oscura y que no te molesten, es que vas a vender menos y pasar una vida más miserable, porque no sólo los problemas te van a encontrar igual, sino que además van a ser problemas de mucha menor calidad.

¿Cuál es el problema de la mayoría de emprendedores que viven en esa cueva oscura? Que no venden, que no se les conoce, que su producto es igual o peor que el resto de ofertas… Esos son problemas de poca calidad.

¿Cuáles son los problemas de las empresas que triunfan? Tener que sacar un buen acuerdo en esa reunión con otro emprendedor de éxito, que hace falta más stock porque las ventas vuelan y no tenemos donde fabricar, que hay que resolver un problema técnico que ha surgido y miles de personas se quejan, lo que implica que decenas de miles nos han comprado y tenemos un buen dinero en el banco…

Obviamente esos últimos problemas son de mayor calidad. Uno prefiere no tener claro donde invertir sus millones que pensar cómo va a comer hoy.

Mi aprendizaje fue que da igual lo que intentes y donde te escondas. No puedes evitar los problemas y los conflictos, con lo que la aspiración no es no tener problemas, sino tenerlos de mayor calidad, algo que tienen los que se atreven.

Problemas mediocres hacen la existencia del emprendedor miserable.

Otras lecciones que tuve que aprender a golpes

¿Recuerda que en este caso de estudio la persona encargada era reticente porque pensaba que iban a espantar a los visitantes de la web y reducirse las ventas? No ocurrió.

Nuestra mente nos pinta escenarios terribles con el pincel del miedo, pero lo cierto es que la mayoría de problemas por los que nos preocupamos no se suelen hacer realidad. Pasamos la existencia gastando una enorme energía en cosas que sólo viven en nuestra cabeza pero luego no se materializan.

En este caso de estudio pasó así y muchas veces lo cierto es que eso que tanto tememos es muy posible que no suceda, lo cual lleva a la siguiente lección.

No podemos adivinar el futuro.

De hecho ocurrió aquí todo lo contrario de lo que parecía que iba a ocurrir, con lo que la lección es no tener miedo a probar a la hora de atrevernos más. Primero porque probablemente nos encontraremos con algo más positivo de lo que pensábamos. Nadie nos va a gritar porque pidamos una venta, ni nos van a arrojar nada a la cara (y si alguien lo hace es un energúmeno, no nuestra culpa), mientras sigamos a rajatabla la regla de oro (dar valor real antes de pedir la venta) no tiene por qué ser negativo.

Además, el peor de los escenarios que pueda ocurrir, resulta que no es tan terrible.

¿Qué es lo peor que podría haber pasado en caso de haber salido mal la prueba? ¿Que durante un mes se habrían conseguido menos contactos y ventas? En cuanto se terminara la prueba se podía volver a las condiciones normales. En la empresa habrían aprendido qué es lo que no funciona en su caso (algo que ya es valioso de por sí) y realmente tampoco es que hubiera comenzado otra guerra mundial.

La verdad es que, por suerte o por desgracia, no somos tan grandes ni importantes, con lo que la consecuencias de lo que hagamos, aunque salga mal, probablemente se diluirán en poco tiempo. Tras unos días, nadie se acordará

Aunque sólo sea porque esas consecuencias no van a ser tan graves y no van a dejar huella, merece la pena intentarlo más.

En las ventas y en todo.