Con el comienzo del nuevo año, llega la hora de establecer los famosos «propósitos» para los próximos 12 meses.

Pero resulta que esos objetivos pueden no ser la mejor manera de obtener resultados. De hecho, todos sabemos cómo suele terminar. Para mitad de enero ya hemos fallado un par de veces por lo menos, en febrero no recordamos bien ni qué nos propusimos.

De hecho, ya vimos hace bastante tiempo qué hacen los deportistas de élite y los mejores en sus ámbitos, y esa manera de hacer las cosas entra en contraposición con el hecho de establecer metas. Las metas y objetivos son una parte integral de cualquier planificación, pero, como todo en la vida, no están exentas de defectos.

De nuevo me remito a los propósitos de Año Nuevo y que no se cumplan el 99% de las veces.

El lado oscuro de ponerse objetivos

En realidad, no se puede decir que ponerse objetivos sea ineficaz, depende de varios factores y la realidad es que ponernos objetivos puede ayudarnos o sabotearnos.

Si nos obsesionamos con ellos o no son objetivos adecuados, suelen causar una serie de problemas, tales como:

1. Ser una fuente de frustración

Lo son porque, en muchas metas que nos ponemos, influyen demasiadas cosas que no controlamos. Y sin embargo, no tenemos esto en cuenta.

Este es el principal problema de la mayoría de objetivos en temas de negocio.

Nos planteamos metas como cerrar un número X de ventas, que es algo que depende mucho de nosotros mismos, pero también de los clientes. Y su reacción final es algo que no podemos controlar.

Conclusión, esa clase de objetivos causa mucha frustración. El principal problema con objetivos de ventas, ingresos y demás es ese. Hay muchos aspectos que juegan un papel importante en el objetivo y no están bajo nuestro control.

2. Los objetivos suelen tener una relación amor-odio con el logro a largo plazo

El problema práctico de las metas, que han reflejado varios estudios muy interesantes, es que, cuanto más lejanas son las metas, menos eficaces resultan.

Ponerse objetivos más allá de unas pocas semanas en el tiempo suele ser un acto inútil.

Siempre he recomendado para eso el establecer metas más cercanas, que sintamos algo de presión por la fecha límite, pues eso contribuye a cumplirlas.

3. Las metas descarrilan muy fácilmente

No hay nada más común un lunes que proponerse algo para finales de la semana y que el mismo martes ya tengamos que estar apagando otros fuegos, o dedicarnos a cosas que han surgido y no preveíamos.

Es la naturaleza de ser emprendedor o, en general, de cualquier trabajo o proyecto.

Entonces ¿cuál es la solución a esos problemas con los objetivos?

Abrazar ese factor que vimos y que diferencia a esos deportistas y cuerpos de élite, y ponerlo en práctica aplicando lo siguiente…

La clave para obtener resultados: sustituir los objetivos por sistemas

Como vimos en aquella ocasión, lo que diferencia a la élite de los demás, es que se centran en el proceso, y no en el resultado final.

Aplicar eso en la práctica significa que cambiamos las metas por un sistema, y que nos aplicamos, cada día, en seguir nuestro sistema, en vez de ver si hemos alcanzado o no la meta.

Los sistemas se basan en formas de hacer, en cosas que cada día realizamos a fin de lograr lo que pretendemos.

La mejor manera de ver la diferencia entre metas y sistemas es con ejemplos:

  • Escribir un libro es una meta, sentarse cada día y escribir 2.000 palabras es un sistema.
  • Vender es una meta, realizar cada día 20 llamadas y 5 seguimientos es un sistema.
  • Correr una maratón es una meta, la planificación del entrenamiento es un sistema.

Los sistemas no se centran en el resultado final, se centran en el proceso. Por eso, es mucho más útil y efectivo diseñar un buen sistema para lo que queremos, que establecer un objetivo.

Con un buen sistema, repetido cada día, uno va alcanzando las metas automáticamente, o al menos, suele obtener muchos más resultados que con el establecimiento del objetivo en sí.

Si uno se pone metas, pero ignora el sistema necesario para conseguirlas, no cumplirá nada de lo que se proponga. Pero si uno ignora las metas, y aún así sigue religiosamente un sistema que sea mínimamente decente, consigue dichas metas aunque no se las proponga.

Si eres un entrenador de fútbol e ignoras el objetivo de ganar el campeonato, pero te centras en un sistema que saque el máximo rendimiento al equipo y se cumpla a rajatabla, seguramente conseguirás uno de tus mejores resultados, de manera automática.

Ahora, a la luz de esta realidad y de los problemas que presentan los objetivos, algunos ya empiezan a abogar por desechar completamente lo de establecer metas y centrarse en sistemas, en diseñarlos bien y cumplirlos.

La cuestión es, aunque el sistema sea más importante que la meta, ésta sigue teniendo ciertas ventajas.

Mi opinión es pues que la verdad está en medio de los dos caminos y consiste en:

  • Céntrate sobre todo en el sistema. a
  • Aprovecha lo positivo de establecer objetivos.

Cómo hacer que los objetivos trabajen para nosotros

Los beneficios de tener metas es conseguir tener presión positiva (nada hay más motivador para terminar algo que tener que entregarlo mañana a un cliente) y que, si bien es cierto que las metas a largo plazo causan frustración y una cierta infelicidad, el cumplimiento de las metas a corto plazo provoca efectos positivos.

Nuestro cuerpo incluso nos recompensa físicamente, segregando hormonas placenteras cuando conseguimos una meta. De hecho, se ha demostrado que, cuando tachamos algo de nuestra lista de tareas, tenemos ese pequeño chute de hormonas placenteras.

La presión positiva y la sensación de conseguir cosas nos meten en un ciclo virtuoso de logro.

En la práctica, eso significa que, además de centrarnos en diseñar y seguir un buen sistema:

  • Nos ponemos metas a corto plazo.
  • Nos ponemos metas que tengan que ver con lo que podemos controlar. Yo no puedo controlar el hecho de cerrar diez o veinte ventas, pero sí el de hacer treinta llamadas y superar ese miedo habitual a hacerlas. En ese objetivo de llamadas he de centrarme y unos días tendré más suerte con el resultado final, que no controlo del todo, y otros menos.
  • Ponernos metas realizables y las dividimos en pedacitos pequeños. Para así poder beneficiarnos del efecto positivo del logro.

En el futuro, estoy seguro de que será una tendencia de productividad de moda el desechar las metas. Pero las modas van y vienen, ya sea en productividad, en Marketing y en todo.

Dejemos que pasen las modas, es nuestra función sentarnos al margen de ellas y coger lo que funcione de todo lo que hay, esté en boga o no.

Así que ya sabemos el secreto para el próximo año…

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