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Cuando te sientas en clase, en primero de economía, te enseñan uno de los conceptos más importantes que una empresa o emprendedor debe comprender.

Es el coste de oportunidad.

El coste de oportunidad es el valor que dejas de obtener por no hacer algo.

En la práctica, para los emprendedores y pymes, el coste de oportunidad que más nos va a afectar es el de no estar intentando conseguir más clientes, o trabajando en un proyecto, por estar realizando tareas que deberías delegar, sobre todo, en una asesoría.

Pero muchos emprendedores no lo ven.

Creen que por estar dos horas con los trimestrales, o con el impuesto de sociedades, se han ahorrado dinero, porque les ha costado cero euros de tesorería.

Error grave, porque no es así.

No es que no les esté costando, lo está haciendo, y mucho, es que no están contabilizando bien los costes reales.

Los costes «ocultos» que debemos contabilizar

El problema del coste de oportunidad es que nos cuesta (valga la redundancia) verlo.

Para visualizarlo, uno debe hacerse estas preguntas:

  • ¿Cuánto habrías ganado si hubieras conseguido un cliente medio nuevo en ese tiempo que has perdido con trámites?
  • ¿A cuánto habrías cobrado cada una de esas horas de trabajo que has perdido haciendo lo que deberías haber delegado en un servicio de asesoría?

Porque así es como ven los costes los emprendedores de éxito. y Así los debemos contabilizar nosotros.

Que salgan cero euros de tesorería no significa que salga gratis. Es más, nuestro tiempo como emprendedores es el recurso más valioso.

Pensemos en esto, porque no debemos olvidarlo nunca:

Siempre podemos generar más dinero, pero nunca podremos generar más tiempo que el que tenemos.

Debemos dejar de contabilizar costes como aficionados y empezar a hacerlo como los emprendedores profesionales.

Así que estemos donde estemos, delegamos, ya sea en una asesoría en Tenerife, Barcelona, Madrid o donde nos convenga.

Los otros costes de no disponer de un servicio de asesoría

Hay algo importante a tener en cuenta cuando hablamos de trámites y servicios que debemos delegar en una asesoría.

Son obligatorios, es decir, no podemos librarnos de llevar una contabilidad ni de presentar nuestros impuestos. Pero a la vez, no aportan al proceso productivo o de marketing.

Es decir, que no sirven para mejorar nuestra oferta, ni tampoco hacen nada para atraer clientes.

Y ese es otro motivo por el cual contratar un servicio de asesoría: son actividades que no se encuadran dentro del núcleo de negocio y por eso no debemos ocuparnos de ellas, o estaremos incurriendo en costes de oportunidad y, por tanto, en menor beneficio potencial.

Pero es que además hay un coste adicional.

Los trámites suelen ser complejos, temas que es mejor dejar en manos expertas porque:

  • Se tarda mucho tiempo en dominarlos.
  • Cuando no se dominan, se es muy proclive a cometer errores.

Lo segundo no sería demasiado importante si no fuera porque cometer errores en actividades de las que se debería encargar una asesoría lleva acarreados costes.

Costes de sanción, costes de tiempo para contestar a requerimientos…

Es decir, que básicamente, estamos cogiendo nuestra actividad y haciéndola más vulnerable.

Si no contratamos una asesoría, estaremos aumentando las probabilidades de que haya errores en actividades que resultan costosas si se produce dicho error.

Ya he comentado en alguna ocasión que, una de las primeras cosas que debemos hacer con nuestra actividad emprendedora es convertirla en antifrágil (parafraseando a Nasim Taleb). Es decir, debemos anticipar los puntos débiles y por dónde pueden ir mal las cosas, para reforzar esas vías.

Contratar los servicios de una asesoría nos va a permitir reforzar esa parte, disponer de más tiempo para lo que importa (marketing y clientes) o bien de tiempo libre. Esto último también es algo demasiado importante y de lo que, por desgracia, se habla poco cuando sale el tema de la pyme y el emprendedor.

Y, sobre todo, nos va a permitir ganar más.

Porque vamos a empezar a calcular bien nuestros costes, incluyendo los de oportunidad, y optimizaremos el tiempo (nuestro recurso más valioso) y los beneficios potenciales.