Como emprendedores, muchas veces no nos centramos en ciertas cosas que no tienen que ver con la gestión diaria, el marketing o conseguir clientes.

Y eso no es malo, yo mismo recomiendo que, todas las actividades que no tengan que ver con el núcleo del negocio, se deleguen o se subcontraten.

Al fin y al cabo tenemos que dedicarnos a traer clientes, no a arreglar el ordenador o entregar los mil papeles que siempre pide Hacienda, si es que no nos dedicamos a eso en nuestra empresa.

Sin embargo, sí es cierto que, antes de ello, tenemos que haber plantado bien los cimientos principales de nuestra iniciativa para que resista.

Y muchas veces hay uno de ellos que es fundamental y al que no le prestamos toda la atención que deberíamos.

Tener un buen seguro.

No importa que sean seguros de coche, seguros moto o seguros de hogar, es algo que mejor dejar bien gestionado y no tener que usar nunca, pero la realidad es que ir sin esa red en nuestra actividad puede salir muy caro.

¿Hasta dónde llega nuestra responsabilidad profesional cuando las cosas salen mal? ¿Y si nos equivocamos? ¿Y si hay un accidente?

Lo malo de estas situaciones no es saber si se van a producir o no, sino cuándo lo harán.

Yo mismo, al principio de mi actividad emprendedora sobre todo, estaba en situaciones con empresas donde, sin un seguro de responsabilidad, caminaba por cuerdas flojas.

Tenía que tomar una serie de decisiones importantes, a veces arriesgadas, que podían traer consecuencias que nefastas en caso de no salir como yo quería.

Y a veces lo consultaba con colegas de profesión y me sorprendía que hacían algo parecido y no tenían ninguna clase de seguro.

Es que, de hecho, muchos ni siquiera habían caído en la necesidad de uno y otros lo habían estado retrasando eternamente.

Esta es mi recomendación, busca un buen seguro, átalo bien y camina tranquilo, dedicándote después, como debe ser, al núcleo de tu negocio, a tu producto, tu marketing y tus clientes, pero con una tranquilidad total de mente.

Y ya que estamos, he aquí unos consejos por experiencia sobre el tema.

1. Compara muy bien antes de contratar

Buscar diversas opciones de seguro no es lo más divertido del mundo, pero al menos vivimos una época en la que ese trabajo en más fácil que nunca gracias a los comparadores de todo tipo que tienes por la red.

Ya sea para un vehículo de tu empresa, o para la empresa misma, no te quedes con el primero que te ofrezcan.

Toma la misma actitud profesional que tienes con todo: Infórmate, compara al menos unas cuantas opciones y, entonces, elige.

2. Mira bien la financiación, y si puedes, no la uses

El otro día estaba con el director de la sucursal de uno de mis bancos. Me llevo bien con él y me comentó que tengo ahí acumulada la posibilidad de un buen crédito y de condiciones de financiación ventajosas, pues soy cliente desde hace muchos años y nunca me he endeudado ni he fallado en pago alguno.

Le respondí que era economista, y que por eso precisamente no me endeudaba ni financiaba nada, excepto en casos extremos.

«Haces bien», dijo lacónicamente antes de seguir tecleando el trámite con el que estábamos. Y eso que era el encargado de «vender» esas cosas a profesionales como yo.

La realidad es que cualquier oportunidad de financiación del seguro, como casi todas en esos casos, sirve para que salga más caro a largo plazo.

En la medida de lo posible, págalo sin financiar y ahorra.

3. Mira bien las coberturas

Es importante a la hora de contratar cualquier seguro leerse bien lo que cubre y toda la letra que sea pequeña.

Especialmente el apartado de las coberturas es importante por dos razones principales:

  • Hemos de tener bien claro que cubren lo que queremos que cubra para sentirnos verdaderamente seguros.

  • Hemos de tener bien claro que no firmamos coberturas que no nos sirvan, y que nos las podemos quitar en ese caso, para no pagar de más.

4. Cuidado con el seguro anterior si lo tenemos

Es posible que estemos cambiando de seguro, no debemos temer hacerlo si nos cubre mejor, se adapta más a lo que queremos o, simplemente, es más económico sin que eso nos deje al descubierto.

En esos casos, no firmamos nada nuevo hasta que no tengamos perfectamente claro qué ocurre con el seguro anterior.

Si no, podemos llevarnos las desagradables sorpresas de cuotas duplicadas, esas letras pequeñas de las que hablábamos y similares.

Hay plazos por ley de anulaciones y comunicaciones, que suelen abarcar un par de meses y con los que hay que contar para evitar recibos inesperados.

5. Mira bien el tema de franquicias o copagos

Aunque estos suelen estar más presentes en seguros médicos o de vehículos, más que en los de responsabilidad profesional, mira bien la posibilidad de franquicia o copago (poner tú una parte cada mes o que el seguro cubra sólo hasta una parte de lo que ocurra o una cantidad, y no la totalidad) y haz tus cuentas, para que te salga rentable.

Un seguro es una de esas cosas a las que, por desgracia, no le ponemos toda la atención que deberíamos, porque aunque la situación que aseguren sea improbable, basta que ocurra una sola vez para descarrilarnos.

No saltemos sin paracaídas, bastante incertidumbre hay en la vida del emprendedor.