aumentar las ventas
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Entre tanto marketing, tanta estrategia, tácticas y trucos, a veces perdemos la perspectiva.

Y adquirirla es darnos cuenta de que, lo que importa realmente y debe estar en el centro de todo, es ser tan buenos que, como diría Cal Newport, no puedan ignorarnos.

Al final, eso es lo que va a marcar la mayor diferencia.

Si somos tan buenos que aportamos algo que el resto no, no nos hará falta la mejor promoción, ni trucos de marketing o un presupuesto elevado.

Con poder contactar y tener un medio de demostrar que, efectivamente, nosotros llegamos mucho más allá de donde se queda el resto, nos contratarán o nos comprarán en muchas ocasiones.

El problema de la demostración sin sustancia

La demostración es lo más efectivo en marketing. Sin embargo, muchos emprendedores dicen que ya tienen una manera de demostrar lo que hacen, y aún así, el marketing no funciona.

Si de verdad tienen esa demostración de lo que hacen, no es el marketing lo que no funciona, es lo que hacemos, el producto o el servicio.

Es la oferta.

Ni el mejor marketing puede arreglar un producto roto. O lo que es peor hoy día, un producto que es como los demás.

El desafío de un entorno lleno de ruido

Actualmente competimos en un entorno donde el nivel de promoción, ruido y competidores es tal, que parece casi imposible hacerse un hueco, o elevar la voz por encima de todo ese jaleo.

La solución por la que optan muchos es contribuir al problema y gritar más. Sin embargo, probablemente es mucho más rentable dedicarnos a ser tan buenos que, cuando tengamos oportunidad de demostrarlo, asombremos a quien tengamos delante.

Si es así, en un mar de mediocridad y ruido, podremos aprovechar el boca a boca, o bien contactar directamente y ser capaces de demostrar lo que hacemos sin histrionismos ni insistencia, y demostrar que tenemos clientes que nos respaldan.

Debemos recordar que emprender es una maratón, debemos centrarnos en el juego de largo plazo y recordar que, lo más importante en esencia es una oferta superior.

Es cierto que una oferta superior sin promocionarse se queda en nada.

También es cierto que siempre hay ejemplos de buenos productos que sucumbieron a otros inferiores. Sin embargo, eso último es una anomalía y no lo más común en igualdad de condiciones, mientras que, efectivamente, centrarse en una oferta superior no significa dejar de lado la promoción.

Al contrario, con la oferta superior, precisamente, estaremos haciéndole un enorme favor a esa promoción, porque vamos a multiplicar su efectividad.

La cuestión no es gritar más, la cuestión es decir cosas que interesen. La gente siempre va a estar dispuesta a escuchar algo que les pueda dar valor real y mejorar la vida.

El problema de la promoción, el marketing y el ruido está en esos que cada vez gritan más y, en realidad, luego ofrecen la misma mediocridad de siempre.

Eso nos condiciona a todos como clientes. Escuchamos las mismas frases hechas, o confiamos en anuncios que, luego, decepcionan porque la oferta no es superior aunque decían que sí. Eso hace que tendamos a esperar que siempre vaya a ser así. Eso hace que, cuando escuchamos al enésimo emprendedor que nos escribe un correo, nos llama o nos contacta de otra manera, estamos pensando que, en realidad, no va a cumplir todo eso que dice. Como sucede casi siempre.

La ventaja del ambiente de ruido y mediocridad

Por otra parte, no todo son desventajas en ese contexto de humo, ruido y ofertas iguales.

Que la gran mayoría de empresas y ofertas acostumbren a la mediocridad también hace que, cuando una oferta superior se cruce en el camino, destaque mucho más.

Por eso debemos consagrarnos a la tarea de ser tan buenos que sea imposible que nos ignoren.

Porque si somos así de buenos, les resultará así de imposible.

Lo que es espectacular, y realmente superior, acaba propagándose.

Muchos clientes (muchos de los mejores al menos) se obtienen por recomendaciones.

Ese es el mejor marketing, el más efectivo. Y la clave para que se dé esa recomendación no es más publicidad, es ese ser tan buenos que sea imposible ignorarnos.

Eso y que estaremos centrándonos en lo que es realmente importante a la hora de emprender: Aportar valor.

Ese es el nombre del juego. No más ruido, no más promesas falsas, valor.

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